En 2019 empezamos con una sola jaula apilable y la idea de que un hámster podía vivir mejor si su espacio se pensaba como un pequeño ecosistema. Las primeras entregas fueron en bicicleta, dentro de Posadas.
En 2021 sumamos la primera línea de túneles textiles y comederos cerámicos. Ahí entendimos que la durabilidad importaba más que la decoración: los clientes volvían a comprar repuestos, no jaulas nuevas.
En 2023 abrimos el chat de atención directa y empezamos a escribir guías breves sobre limpieza y temperatura. Hoy esas guías responden la mayoría de las consultas antes de que lleguen al correo.
En 2025 lanzamos los kits de enriquecimiento ambiental por especie. Cada kit se prueba durante tres semanas con animales reales antes de salir a la venta, y eso cambió la forma en que elegimos cada accesorio.
Una tienda que creció escuchando a los roedores
No seguimos tendencias de decoración. Cada etapa del proyecto se definió por una necesidad concreta: jaulas que no se desarmaran solas, ruedas que no chirriaran de noche y sustratos que no ensuciaran todo el departamento. Los cambios de rumbo siempre vinieron de una conversación con un cuidador, nunca de un informe de ventas.