En 2019 empezamos armando jaulas para hámsters en un taller de Posadas, con madera recuperada y ruedas que no hacían ruido. La primera tanda fue de doce unidades, todas vendidas por recomendación de vecinos.
Para 2021 sumamos los túneles textiles y los comederos cerámicos. Fue el año en que entendimos que el enriquecimiento ambiental no era un extra, sino la base de todo lo que vendíamos.
En 2023 abrimos la línea de sustratos naturales y kits de limpieza. Dejamos de tercerizar la producción y empezamos a controlar cada lote, desde el secado del heno hasta el sellado de las bolsas.
Hoy coordinamos envíos a todo el país y respondemos consultas por chat sobre manejo, temperatura y socialización. El catálogo creció, pero la regla sigue siendo la misma: si una pieza puede lastimar al animal, no se vende.
Una tienda que creció escuchando a los roedores
Cada etapa de Choupichou nació de una necesidad concreta: una rueda que chirriaba, un comedero que se volcaba, un túnel que se desarmaba a los tres días. Probamos, corregimos y recién después sumamos el producto al catálogo. Así se construyó la marca, sin atajos y con muchas pruebas en casa.